DosOLIVOS.netCRISIS DE LA
MUSICA
CRISTIANA EN ESPAÑOL
Escrito
por: Belkis del Rosario
(Cantante cristiana)
Este análisis,
más que crítica, busca concientizar al respecto de esta área tan importante del culto y de la vida del cristiano. Muchos no se atreven a hablar de este tema y
mi experiencia es que aparece como tema de conversación en la privacidad
de los
hogares y no en los púlpitos, al parecer por temor a la censura. Pero la Biblia nos insta a examinar los
espíritus, así que trataré de exponer mis puntos de vista solamente
basada en
el fundamento de la Palabra de Dios y sin caer en subjetividades.
Destacamos
hechos positivos. Los avances de la tecnología de las comunicaciones han ayudado a la expansión y promoción de los
ministerios musicales y a la distribución de los productos. La calidad de la música y de muchos de sus
intérpretes es óptima, superando en algunos casos la música secular.
Aunque el propósito
de la música cristiana no es entretener, es innegable que levanta el
espíritu y
toca las emociones. La obtención de fama
tampoco debe ser la motivación, pero al abrirse las puertas del éxito,
el
nombre de muchos intérpretes llega a ser común en muchos hogares y
ambiente
cristianos. En tercer lugar, su fin no es
enriquecer, pero es posible bendición financiera. De
ninguna manera quiero desestimar el aspecto práctico y el elemento
“dinero”. Más bien
entiendo que la transacción de un
producto material aunque su contenido sea espiritual, de ninguna manera
falta a
la integridad. Es simplemente lógico que
se busque recuperar la inversión y los
gastos en que se incurre. Por
supuesto es improcedente el catalogar el
ministerio musical meramente como un
negocio (aunque a veces se hace difícil
no caer en la tentación de “juzgar” las intenciones de sus ejecutores). Está
demás decir que en estas tres áreas debe primar la actitud correcta, o
lo que
algunos llamarían “la intención del
corazón”. Para mí es la fórmula bíblica: “Buscad primeramente el reino de Dios.... y
las demás cosas vendrán por añadidura” la que
hace la diferencia. De ahí que, si se cumple con
ello, a mi entender, ninguno de estos tres
aspectos determinan ni
restan autenticidad a la música cristiana.
Sin embargo,
hay aspectos que denigran lo que originalmente ha sido un ministerio
endorsado
por un llamado de parte de Dios. La
pérdida del claro enfoque de su razón de ser está erosionando este
ministerio. El llamado “Movimiento de Adoración y
Alabanza” de los años 90’s trajo un despertar de conciencia y redefinió
el
objetivo del culto a Dios, sin embargo, hoy parece que nos hemos alejado
aún
más. Es innegable que existe una
corriente, cada vez más aceptada, que se está desviando de la verdadera esencia.
Para ser
justos debemos identificar lo que da el nombre de “cristiana” a una
pieza
musical. ¿Serán sus letras? ¿Su ritmo?
¿O su intérprete, quien profesa ser cristiano?
De los últimos dos podríamos hablar en extenso. Personalmente
entiendo que si Jehová usó un
asno para dar un mensaje, bien podrá usar la manera que en su soberanía
El
decida, pero lo que no debe estar
comprometido con el
mundo es el mensaje de la lírica que se hace llamar cristiana.
A mi forma de
ver, aún el muy conocido dicho de “lo
que importa son las letras” tiene
limitantes. No es solamente que estas letras no caigan en lo profano o
mundano, sino que es
imposible hablar de música cristiana si Cristo no está presente en la
canción. El propósito
único de toda manifestación y formas de comunicación que se consideran
cristianas,
es proclamarle. Cualquier canto que no exalta
a nuestro Dios, sus atributos o el
mensaje de la biblia, NO SE PUEDEN CONSIDERAR CRISTIANOS.
Hoy en día también
se escuchan composiciones sin
solidez teológica y de
pobre contenido bíblico. Cada vez
son menos los cantos puramente espirituales. En
muchos casos se han sustituido por temas banales
o con palabras y frases cargadas de
erotismo y sensualidad. Se hace imposible
identificarlas como
cristianas si nos basamos puramente en las palabras. En
ellos EL NOMBRE DE CRISTO O CUALQUIER ATRIBUTO DIVINO QUE
LO IDENTIFIQUE
BRILLA POR SU AUSENCIA
Ejemplos: Decir “tu
amor” o “entre tus brazos
me siento… “, o “estoy enamorado…”, “o
“tú eres esto o lo otro…” o “contigo
voy
a la luna o veo las estrellas”, o ”tengo,
hago o
siento esto y lo otro” (sólo para
mencionar unos ejemplos), porque se
prestan a
ambigüedad. Si no se
especifica a quién van dirigidas estas palabras, o si no se
maneja el lenguaje del argot bíblico, el mensaje es confuso.
He escuchado
compositores que son sinceros y confiesan que todo esto es hecho adrede
para
tratar de llegar al mercado y a los medios de comunicación seculares. Creo que la
Biblia se refiere a éstos como “ciegos y guías de ciegos”.
No me mal entienda. Con esto no estoy
diciendo que es pecaminoso o
inapropiado cantar de otra temática (al amor puro, a la amistad, de
problemas
sociales o cualquier otro), al contrario, creo que como
todos los mortales, el cristiano tiene emociones y se enamora. No estoy
hablando de una canción de amor que un
esposo dirija a su amada (que por supuesto ésta
debe estar delineada bajo los principios
de ética y fundamentos del creador del matrimonio). Yo
misma las he cantado en bodas y eventos
similares), sino a cantos, que llamándose “cristianos” o para
“ministrar”, NO DEFINEN a quién van
dirigidos ni
están alineados con la Palabra de Dios. Lo que quiero establecer aquí es que debemos
llamar al pan pan, y al vino, vino. O la canción es definitivamente cristiana porque
tiene todas las características de serlo o es claramente secular por
derecho
propio.
Otro fenómeno
es la “música reciclada”
cuando
se cambia la letra de una canción secular con letras y palabras
“cristianas”
que de paso a veces resulta mediocre.
Lamentablemente
este tipo de música está ocupando las ondas de muchas estaciones de
radio
cristianas y púlpitos por igual.
Otras “alabanzas”
hacen más énfasis en nuestros
“sueños”,
o hablan de ”lograr metas” (por
supuesto terrenales), y de todo tipo de tema que se enfoca en el “yo” y no en Jesucristo, en
nuestra vida terrenal y no en la eterna.
Aún mencionando el nombre de Cristo, algunas canciones hablan de
nuestro
Señor como el que se encarga de nuestro bienestar (o bendiciones
temporeras) desde
una perspectiva terrenal, no pidiendo que El haga su voluntad ni desde
una
perspectiva celestial. Hemos llegado a
ser el centro de nuestro propio entretenimiento.
Aunque no hay
nada “pecaminoso” en comunicar nuestras inquietudes personales y deseos, sin embargo el “ministro llamado
por Dios” procura hacer lo que complace a su
Señor y no busca
satisfacer lo suyo propio. Siempre
nuestros anhelos personales deben estar en
sumisión a la voluntad y a los propósitos de Dios y así expresarlo en
nuestras vidas
personales y ministeriales, para traer
gloria a su nombre y no la atención a nosotros mismos.
La música cristiana no debe estar excluida
de esta regla. Nosotros sólo somos mensajeros,
la verdadera
estrella es Jesucristo. (Aquí pudiéramos
hablar largo y tendido pero este sería otro tema).
Y es que los creyentes tenemos
una nueva identidad en Cristo. 1 Pedro
2:9 dice: “Mas
vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo
adquirido
por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las
tinieblas a su luz admirable;
En este último verso se
destacan dos cosas importantes:
1) “...para que proclamen las
obras
maravillosas de Aquel...“ (refiriéndose
a
Cristo); y
2) “...os llamó de las
tinieblas a su luz...”.
En estos
pasaje el apóstol Pedro establece los propósitos de Dios en la
vida del
cristiano. Este segundo punto nos
recuerda que los que están en Cristo no andan en tinieblas ni en
confusión. De ahí
que todo lo que hacemos, decimos o cantamos, debe ser claro, definido y
con el
propósito de engrandecer el nombre de Cristo.
Y Efesios 1:4, 6 y 12:
“según nos
escogió en él…” “para alabanza de la
gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos
en
el Amado,” “a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los
que
primeramente esperábamos en Cristo”. Si esto está
ocurriendo en nosotros, sólo así
podemos decir que estamos cumpliendo el propósito de Dios en nuestras
vidas y
que somos verdaderos ministros de la adoración y la alabanza.
Una cosa es ser
“artista” y otra es ser “ministro”. Aunque es de admirar el ser creativos y dar el
toque artístico al trabajo musical, cuando
la creatividad y el arte se interponen con la doctrina y los fundamentos
bíblicos, no hay posible reconciliación.
Aunque tampoco debe
existir conflicto entre
ambas.
Un ejemplo digno de esto es Marcos Vidal, prolífico cantautor
cristiano
que combina belleza literaria con profundos mensajes bíblicos que llevan
al
oyente a la reflexión.
Todos somos
culpables de este cáncer que está afectando la música cristiana: Tanto intérpretes, algunos compositores, uno que
otro personal de la radio que las promueven, y nosotros los
consumidores. Muchos tenemos la tendencia a
preferir el “evangelio
light” o ligero (término que últimamente se usa para identificar
la
vida cristiana sin compromiso con el Señor). LA LINEA QUE SEPARA
LA VIDA CRISTIANA DEL MUNDO SECULAR ES CADA VEZ MAS
FINA Y CON DEMASIADO FRECUENCIA LA ENTRECRUZAMOS. Parece que ya
no tenemos don de discernimiento. ¿Será
que el pueblo de Dios, como el pueblo de Israel, ha perdido la visión?
Se pretende
convencer que los tiempos cambian y que
es imposible nadar en contra de la corriente.
Con ello los que esto afirman indirectamente validan lo que está
torcido
y justifican lo incorrecto. Por otro
lado, algunos cantantes alegan que a los ministros de la Palabra y a los
pastores, no a ellos, toca llevar
el mensaje. Pero quiérase o no, influenciamos a
los
oyentes con nuestro trabajo y somos responsables ante Dios de usar
nuestros
talentos para bendecir y no
para
llevar a cabo nuestras propias metas, si es que realmente somos
auténticos ministros llamados por Dios o en cambio ejercemos el
“ministerio” por vocación.
En todo caso es urgente que
volvamos a la senda antigua del ministerio musical.
La
música cristiana que procura sólo entretener y no llevar el mensaje de
Jesucristo es como un dulce: Agradable al paladar pero no tiene valor
nutritivo. La música Cristo-céntrica,
sin embargo, es como una medicina: Probablemente no tiene un sabor muy
agradable, pero tiene efectos curativos. Es que al igual
que un sermón, en ocasiones tenemos que
abarcar temas no muy populares, como
pecado y arrepentimiento, pero el hacerlo tiene repercusión para la eternidad. Así como
esperamos que la Palabra hablada traiga convicción para dirigir al
oyente a
Cristo, igualmente éste debe ser el objetivo de la música cristiana.
El tiempo es
corto y los días decisivos. Si no lo
hacemos seremos como metal que resuena y címbalo que retiñe. Si lo hacemos, El Señor un día nos dirá: Buen
siervo fiel, entra en el gozo de tu Señor.
Bendiciones.
Belkis del Rosario